martes, 20 de noviembre de 2007

La historia que llegó a nuestras manos...




Desde hace unos días, circula por nuestro instituto la historia de una chica que un día encontró un libro. Antes o después, llegará a vuestras manos para que le deis forma y sentido. El relato empieza así...
"Llevaba algún tiempo dándole la tabarra a mi madre para que me llevara a una librería de viejo. No sé. Me intrigaba. Mi madre me había hablado de estas tiendas un día en que encontré en una estantería un libro hecho polvo, y eso en mi casa era inconcebible, porque los libros se cuidaban como si fueran bebés. El caso es que andaba yo revolviendo por los estantes de arriba del cuarto de estudio cuando lo encontré. Al enseñárselo a mi madre, me dijo que lo había comprado ella en una librería de viejo hacía años, cuando era estudiante. Me explicó que estas librerías también se llaman de lance y que en ellas se compran libros antiguos, usados o raros, y cómics y carteles de cine.
Por fin, un sábado por la mañana, vi cumplido mi deseo. La librería estaba en una plaza pequeña, detrás de uno de los edificios importantes de mi ciudad. Lo primero que me impresionó fue el desorden. Novelas, tebeos, postales, enciclopedias, libros de texto gastados y posters se apilaban por todas partes: hasta el techo en las paredes de los lados, y hacia las profundidades oscuras de la tienda los que se extendían ante mí. Lo segundo que percibí fue un olor muy peculiar. Olía a tiempo. (Bueno, mi madre decía que era humedad.) El caso es que pasé un rato estupendo toqueteándolo todo, abriendo los libros y hojeándolos... Hasta que, de pronto, uno atrajo mi atención. Abrí la tapa. Era dura y tenía los cantos doblados y rotos, en abanico. Las páginas se habían vuelto amarillentas, tirando a marrón. Y en la primera de todas, escrito con tinta gris (que a lo mejor alguna vez había sido negra) había un ex-libris: Este libro pertenece a Paula no-sé-qué (los apellidos se habían emborronado). Maldito el que lo toque si no es ella. No tuve más remedio que pedirle a mi madre que me lo comprara: mi nombre es Paula.
PRIMER ITINERARIO.
Mi madre se negó a comprarlo porque era demasiado caro, así que comencé a leerlo mientras ella conversaba con el librero. A medida que lo leí me di cuenta de que la historia me resultaba familiar. Estaba ambientada en mi ciudad y mencionaba una vieja leyenda que me había contado mi abuela. Cuando aquello empezaba a ponerse interesante, mi madre me dijo que era hora de irse.
A la mañana siguiente, con el primer rayo de sol, me desperté pensando en el libro y sintiendo la necesidad de seguir leyendo. Era un día soleado y alegre de primavera. Mis padres permanecían en su habitación durmiendo. Yo tenía que terminar un trabajo de Sociales para el día siguiente, pero no me podía concentrar. El misterioso libro rondaba mi cabeza insistentemente. Me levanté silenciosamente y, una vez vestida y arreglada, salí a la calle. Eran las ocho de la mañana. Por primera vez iba a realizar algo sin pedir permiso a mis padres. Decidí que, a mis trece años, ya era hora de demostrarles que sabía valerme por mí misma. Dándole vueltas a mi cabeza, me encaminé como una autómata a la librería donde había estado leyendo aquel extraño y maravilloso libro el día anterior. Cuando llegué… estaba cerrada. No había caído en la cuenta de que era domingo.
Debía regresar a casa, pues recordé que ese día celebrábamos el cumpleaños de mi abuela Casilda. Apresuré el paso para llegar antes de que mis padres notaran mi ausencia.
De repente, esperando que el semáforo se pusiera verde, observé a un anciano de pelo blanco y larga barba, que llevaba entre sus manos el libro que tan ansiosamente yo deseaba comprar.
Seguí andando intranquila, pero por el camino paré ante el escaparate de otra librería, dándome cuenta de que el mismo libro también estaba allí, por todas partes. ¿Me estaría volviendo loca? Corrí hacia mi casa, noté como si el libro me llamase. Al llegar, mis padres seguían dormidos: nunca sabrían que había salido. Me acosté de nuevo, quedándome dormida. Un rato después, al despertarme, pensé que todo debía de haber sido un sueño. Mis padres ya se habían levantado y los encontré preparándolo todo para el cumpleaños de mi abuela. Mi madre me pidió que cogiera el regalo del armario de su cuarto. Pero cuando abrí el armario, no vi el regalo, sino el libro. Era muy extraño. Lo cogí y corrí a mi habitación a leerlo. Cerré la puerta, y al pasar la primera página, el libro me succionó dentro de él… Mi madre, extrañada porque no bajaba vino a ver dónde estaba, y cuando intentó abrir la puerta de mi cuarto, no pudo. Entre ella y mi padre tiraron la puerta abajo, pero yo ya no estaba allí. Sin embargo, sí estaba el libro que me había engullido: debajo de mi cama, abierto, contando una historia que ahora también me contenía a mí.
Entonces, abrí los ojos. Me sentía como en esos días en los que duermo diez horas: estaba tranquila y descansada.
¿Qué me había pasado? Lo último que recordaba era el libro… ¡Sí, ese libro! Y que al intentar leerlo me había absorbido. Pero…, ¿dónde estaba?
Por mi cabeza pasó la posibilidad de que nada fuese real y que mi mente estuviera viajando a sus anchas mientras mi cuerpo reposaba plácidamente en la cama. ¡Au! Eso grité al pellizcarme y comprobar que, una vez más, no era un sueño: estaba despierta.
Una sensación de miedo recorrió mi cuerpo; sentía una punzada aguda en mi estómago, al tiempo que mi corazón latía deprisa: PO PUM PO PUM PO PUM. "Tranquilízate, Paula", pensé; "para ser el primer día que sales de casa sin permiso, lo estás aprovechando bastante bien". Este pensamiento me devolvió una sonrisa al rostro y me dio la fuerza suficiente para observar más allá de mi nariz y ver el sitio en el que estaba. El lugar me era familiar: era el árbol de la plaza, ése donde solía jugar con mi abuela. Pero era diferente porque no había nadie alrededor. Caminé por la ciudad y todo tenía el mismo aspecto, sin personas, como un pueblo fantasma. Para esquivar el miedo, jugué a imitarlos: <<¡uuuuuuuuuuuuh, uuuuuuuuuuuh!>> Fue divertido. Al poco tiempo escuché:
-Hola, niña.
Sin querer, había llamado la atención de alguien; era una voz tímida, no era ni de una persona adulta ni de un niño muy pequeño, era más bien alguien de mi edad, y vaya si era de mi edad: esa voz era la de mi amigo Vicent… ¿Habría leído también el libro?
-¿Qué haces tú aquí?- le pregunté.
-La verdad –respondió- no lo sé; y tú, ¿cómo has llegado?
-Vas a pensar que estoy loca. Mi madre me envió al armario a por el regalo de mi abuela y en vez de eso, me encontré con un libro que me persigue desde ayer. Y cuando fui a leerlo, aparecí aquí.
-Pues, no te lo vas a creer –me dijo Vicent-, pero me pasó exactamente lo mismo con un libro que me regaló mi abuelo.
Recordé entonces al anciano de pelo blanco que había visto en el semáforo con el misterioso libro bajo el brazo. ¿Sería el mismo? Se lo comenté a Vicent.
-Sí –me dijo mi amigo-. Mi madre lo guardaba al final de la estantería, porque decía que la gente que lee el libro se mete dentro, y me prohibió que lo leyera. Pero me comía la curiosidad y lo cogí. Y aquí estoy. Sin embargo, dicen que hay una persona que tiene la solución para escapar. Los que viven dentro de esta historia lo llaman El Sabio y vive en lo más alto de aquella montaña. –Vicent bajó la voz-. Dicen que los que han intentado subir se quedaron por el camino.
-No me importa –le respondí. Tenemos que llegar hasta él. Hay que conseguir que alguien que conozca los peligros del camino nos acompañe.
-Pero eso va a ser difícil, porque todos tienen miedo. Yo ya he intentado convencer a unos cuantos, pero me dicen que me haga a la idea de que no volveré a casa hasta que no se acabe la historia del libro que sigue ocurriendo como si lo estuviéramos leyendo, pero con nosotros dentro.
Era desesperante, pero convencí a Vicent para buscar a alguien que conociera bien la montaña. Esa noche no pude dormir. Al siguiente día, sin embargo, nos encontramos con un ser encapuchado que nos habló así:
-Yo os ayudaré a subir la montaña.
Y nos hizo señas para que lo siguiéramos. Al cabo de un rato, comenzamos a escalar. Yo pensaba en el hombre viejo de la barba blanca que llevaba el libro en el semáforo. Llegamos a la mitad de la montaña y nos introdujimos en una cueva, en una de cuyas paredes ponía "Paula". Nuestro guía seguía caminando, pero yo me quedé parada observando mi nombre en la pared, y vi que al lado había una estrella dibujada. De repente, me di cuenta de que la estrella era idéntica a la del colgante que llevaba yo y que me había regalado mi abuela. Me quedé sorprendida. ¿Era casualidad? ¿Qué estaba pasando? Por un instante sentí miedo. Grité llamando a Vicent y al encapuchado, que volvieron sobre sus pasos. Les señalé la estrella y Vicent, abriendo enormemente los ojos, dijo:
-Dame tu colgante.
Se lo di y él lo colocó en el centro de la figura de la pared, en la que encajaba perfectamente. Los tres nos quedamos impresionados, sin embargo, una sorpresa más nos esperaba: el muro se abrió y quedó al descubierto una enorme escalera de piedra que se adentraba en el interior de la montaña. Subimos ágilmente hasta llegar a una gran estancia oscura de donde salían tres pasadizos. El encapuchado comentó:
-Sólo hay uno que nos conducirá hasta el Sabio.
Vicent se fijó en que corría una brisa por el pasadizo de la izquierda, así que no había duda de cuál debíamos escoger. Nos pusimos de nuevo en marcha hasta llegar a un muro que bloqueaba el camino y que nos impedía continuar.
-¡Nos hemos equivocado!-, exclamé.
Pero Vicent, al encender una cerilla, observó que estaba grabado el mismo sello del ex-libris de mi libro. El hombre encapuchado lo presionó y se abrió el muro en dos. Llegamos a un pequeño bosque, casi en la cima de la montaña. Estábamos en una especie de cráter. En medio de los árboles vimos una casita de piedra y, cuando entramos, nos encontramos al mismo viejo de la barba blanca que habíamos visto en la calle.
-¿Es usted el Sabio?- preguntó Vicent.
-Sí- contestó el Sabio.
-¿Qué debemos hacer para salir de este mundo de ficción?- añadí yo.
-Debéis realizar varias pruebas- respondió el Sabio.
La primera prueba consistía en encontrar una hierba medicinal especial para la hija del Sabio, que se encontraba enferma. Le pregunté al Sabio dónde podía encontrar esa hierba y me contestó que estaba en el pico de la Gran Montaña Helada, hacia el este. Para llegar allí tenía que cruzar el Bosque Oscuro.
Al día siguiente nos pusimos en camino. El Sabio nos dio algo de comida y una tienda de campaña, porque éste iba a ser un largo viaje.
Recorrimos un camino lleno de matorrales y pequeñas plantas. Sólo se escuchaban nuestros pasos. Nos adentrábamos en el Bosque y el paisaje cada vez se llenaba de más árboles. Cuando nos sentimos cansados, nos detuvimos y nos sentamos en dos rocas, al lado de un riachuelo. Vicent cogió un poco de agua con las manos y la bebió. Yo tomé un bocadillo de los que había preparado el Sabio.
Continuamos caminando. Poco a poco nos adentrábamos en lo más profundo del Bosque, y todo se hacía más y más oscuro. Llegamos a un punto en el que vimos un gran y feroz lobo. Empezamos a correr para huir de él. Nos seguía y nosotros cada vez estábamos más cansados. De repente, un árbol cayó entre nosotros y el lobo. En ese momento, conseguimos escapar y llegamos al pie de la Montaña.
Pronto se hizo de noche y acampamos. Yo me dormí enseguida, después de aquel ajetreado día.
Al amanecer, nos pusimos en marcha y comenzamos a subir la Gran Montaña Helada. Hacía frío y eso empeoraba el viaje. Habíamos ascendido más de la mitad cuando Vicent cayó al suelo, agotado. Me dijo que no podía seguir, así que, tras muchas dudas, continué sola. Y por fin, llegué a la cima.Allí no había ningún rastro de vegetación. El paisaje era desolador, todo estaba cubierto de nieve y soplaba un viento helado.
Comencé a andar en busca de la planta y, de repente, la nieve cedió y caí dentro de una cueva. Al incorporarme, sentí un fuerte dolor en la rodilla; me sangraba, pero podía seguir caminando. Inspeccioné el lugar. Por el agujero por el que había caído entraba un rayo de luz que iluminaba una estatua de hielo. Era un Pegaso. Me acerqué y vi que había una inscripción debajo de él. Decía así: “Sólo al calor de una luz celestial, el misterio del hielo descubrirás”. Reflexioné durante unos instantes. Observé entonces que el Pegaso tenía un hueco en la frente. Se me ocurrió que quizás el colgante de mi abuela me podría volver a ayudar. Lo coloqué en el hueco y vi que encajaba perfectamente. El colgante comenzó a brillar fuertemente con una luz que provenía del exterior de la cueva. Cayó una gota del techo y me di cuenta de que las estalactitas empezaban a derretirse y, con ellas, lentamente, el Pegaso. El agua fluía hasta un pequeño tallo reseco, aparentemente muerto, y se filtraba alrededor de él. Sorprendida, me acerqué y vi que algunas ramitas del tallo cobraban vida poco a poco. El tallo comenzó a florecer, y a crecer, hasta convertirse en un gran árbol. Sus fuertes ramas se abrieron paso en el techo. Trepé por el tronco hasta llegar al exterior. Y en la copa del árbol, vi unas preciosas flores azules.
Me limité a coger las flores y, cuando llegaba a la salida, encontré un mural con un grabado y un texto. El grabado era la figura volando de un ave fénix, de cuya existencia se dudaba, y el texto decía: "Tan rápido como el fénix puede volar, raudo este acertijo has de averiguar". Pensé durante un minuto, pero tenía prisa por volver con Vicent y buscar al Sabio y eché a andar sintiendo la extraña sensación de que ese mural ya lo había visto yo en algún otro sitio.



SEGUNDO ITINERARIO.
Pero tras una discusión, ella se negó, alegando:
-Sólo es un libro sin importancia, y además, hoy hemos venido a mirar, no a comprar.
Me frustré mucho, pero entonces el dependiente hizo algo que me asombró:
-¿Te interesa este viejo libro? –me dijo.
-Sí. Pero mi madre no me lo quiere comprar. –contesté yo algo molesta.
-Podemos hacer algo –respondió él-. Si quieres, yo te regalo el libro. Pero debes prometerme que bajo ningún concepto leerás la página 146. Cuando llegues a ella, por favor, saltátela.
-Bueno, está bien –dije algo desconcertada. Y con el libro abrazado contra mi pecho, salí de la tienda detrás de mi madre.
Por el camino hacia mi casa pensaba en lo que me había dicho aquel dependiente tan raro. Mi madre me hablaba, pero yo no le prestaba ninguna atención, mientras me preguntaba qué habría escrito en aquella misteriosa página. Le pedí a mi madre que fuéramos más rápido, que tenía ganas de llegar a casa.
Una vez allí, mi madre no paraba de mandarme tareas: que arreglara mi cuarto, que limpiara la jaula del conejo, que pusiera la mesa… No veía el momento de empezar a leer mi nuevo libro.
Llegó la hora de la siesta. Por fin tenía un momento de tranquilidad para mí sola. Me senté en la cama y contemplé la portada: el título estaba casi borrado, sólo se podían distinguir letras sueltas y una calavera raída. Abrí el libro por la primera página. Una ráfaga de aire entró por la ventana. Me estremecí.
La historia comenzaba así: "Fue una fría noche de invierno cuando vi a mi madre por última vez. Ella era alta y rubia, con los ojos azules y las mejillas sonrosadas. Tenía un carácter fuerte. Era mi madre y la mujer que más me importaba en el mundo…"
Cerré el libro de golpe. La descripción de aquella mujer coincidía con la de mi propia madre. Todo era muy raro. Volví a abrirlo y seguí leyendo, era como si no pudiese parar. Pero me había levantado temprano, estaba cansada y empecé a sentir sueño, así que decidí apoyar un rato la cabeza sobre la almohada.
A la hora de la merienda, mi madre subió a llamarme. Cuando vio el libro, la curiosidad se pintó en su cara, así que me lo cogió y comentó que se lo llevaba al salón para hojearlo. Me sentí extraña de pronto y bajé al salón. El libro estaba sobre el sofá, abierto. Era curioso: no vi letras, sólo un dibujo, un rostro de mujer. Me acerqué un poco más. Esa cara me recordaba a mi madre, mucho más joven y con un colgante al cuello. ¿Dónde había visto yo antes esa calavera?
Una fuerza extraña me llevó a mirar detrás del sofá. Allí, tirada sobre el suelo en una posición un tanto cómica, estaba mi madre. No movía ni un músculo, sólo susurraba palabras sin sentido:
-Se fue la luz… miedo sobrecogedor…oscuridad…arrinconado en un callejón…salvar a Paula…miedo sobrecogedor…meda…llón…
Calló de golpe cuando sonó el teléfono. Lo cogí rápidamente en un desesperado intento de pedir socorro. Con suerte, sería mi padre. Pulsé el botón para que entrara la llamada, pero el teléfono seguía sonando. Volví a pulsar y, tras un sonido raro, se paró. Observé que un número se había quedado fijo en la pantalla: era el 146. Pensé en mi cumpleaños: el 14 de junio, 14 del 6 y…¡el libro! Miré y, efectivamente, ¡estaba abierto por la página 146!
Entonces, asustada, me dirigí hacia la ventana para pedir ayuda. En la cabina de la esquina de mi calle pude reconocer al librero con el teléfono en la mano, mirando hacia mi casa. Estaba allí, inmóvil. Se había dado cuenta de que yo le estaba observando. Ya no me parecía el viejecito amable que me había atendido. Vi que por el otro lado de la calle se acercaba mi padre con el coche y me tranquilicé un poco. Volví a mirar hacia la cabina y ya no había nadie. Entonces, entró mi padre en casa y le conté todo lo que había pasado, pero él no me creía. Le pedí que atendiera a mi madre, que seguía tirada en el suelo del comedor, pero cuando fuimos a verla, ella estaba sentada en el sofá, viendo tranquilamente la televisión. Por lo visto, no recordaba nada de lo que le había ocurrido.Muchas preguntas acudieron a mi mente para aclarar tanto lío. A mi padre lo saludé diciendo:
-¿Has visto al hombre de la cabina?
Con cara indiferente me contesto que no había visto a nadie. A mi madre la agobié preguntándole:
-¿De qué va el libro? ¿Qué te ha provocado el desmayo?
Tampoco me contestó. Los dos me miraban asombrados por mi ansiedad y, como otras veces, pasaron un poco de mí. Ellos empezaron a hablar de sus cosas.
Lo primero que hice entonces fue recuperar el libro. Me intrigaba todo: que me lo regalara el librero, que mi nombre fuera el de la primera propietaria, que no pudiera leer una determinada página cuyo número coincidía con el de mi cumpleaños, el teléfono… Demasiadas incógnitas.
Valientemente volví a leer el libro y desde el principio sentí un gran escalofrío al comprobar que los personajes, situaciones y hechos tenían grandes semejanzas con personas y situaciones que yo conocía y había vivido.
De repente, sufrí una gran tentación por leer la página prohibida. No sabía si seguir leyendo hasta ella o ir directamente al grano. Me preguntaba:
-¿Habrá algún misterio referente a mi familia y por eso se negaba mi madre a comprarme el libro? ¿Por qué afectó tanto a mi madre su lectura y no recordaba nada de lo ocurrido? ¿Quién será realmente el librero?
Mientras intentaba descifrar estos misterios, sonó el timbre de la casa… ¡Qué raro! No esperábamos a nadie. Abrí la puerta y una extraña niña de rostro pálido me esperaba. Tenía algo raro… Llevaba, además, un colgante en el que ponía “Paula”. Al preguntarle qué quería sólo respondió:
-146.
Cerré los ojos por un instante: no me lo creía. Al segundo los abrí y la niña había desaparecido. Subí corriendo a mi habitación. El libro yacía cerrado. Ya no podía más, y lo abrí por la página 146. Aparecía el retrato de aquella niña, ahorcada, con un libro entre las manos en cuya portada se veía una calavera. Me extrañé: habría jurado que cuando el libro estaba abierto sobre el sofá se veía la imagen de mi madre. Cerré el libro asustada. De nuevo sonó el teléfono. En la pantalla, el número 146146146. No lo cogí. Me asomé por la ventana; esta vez, la niña pálida estaba en la cabina. ¡No podía ser! Volví a mirar el libro. El dibujo había cambiado: ahora aparecía yo, cogida de la mano de la extraña niña; llevaba un colgante y, entre mis manos, el libro, con idénticas calaveras. Abrí y cerré el libro una y otra vez, siempre por la página 146, y en cada ocasión, la ilustración era distinta: a veces era yo, otras veces, la niña, y otras, mi madre, y, en muchos de los dibujos, aparecíamos muertas de diferentes y desgarradoras maneras.
Ya era tarde, había tenido un día con muchas emociones y poco a poco mis ojos se iban cerrando, impidiéndome que siguiera mirando esas horribles ilustraciones. Me sumergí en un sueño profundo y pesado... Las imágenes seguían allí, en mi sueño, en mi pesadilla. Recuerdo que iba corriendo por un túnel largo, húmedo, silencioso, donde sólo se oían mis pisadas. Corría desesperadamente hacia un punto de luz al final del túnel. No llegaba, no llegaba nunca, estaba muy cansada pero realicé un último esfuerzo porque podía adivinar una figura allá en el fondo que parecía mi madre. Cuando llegué hasta ella, me agarré fuertemente a su mano.
-Ya estoy a salvo- pensé.
Sin embargo, cuando me abracé a ella me di cuenta de que era la niña pálida, la extraña, la del medallón. Juntas, abrazadas, caímos por un precipicio, un precipicio sin fin.
A la mañana siguiente, me desperté en la cama de un hospital. Observé que un policía custodiaba mi puerta. Intenté ponerne en pie pero resultó imposible: me encontraba muy débil y mi cuerpo estaba lleno de magulladuras. No entendía nada, no recordaba nada... En mi muñeca llevaba una pulsera de identificación con mi nombre, Paula, y el número de la habitación del hospital donde me encontraba: la 146. Llamé al policía para pedirle explicaciones y cuando se dio la vuelta vi que era ¡el librero!
Me asusté mucho, pero él empezó a hablarme acerca de lo que estaba pasando desde que abrí la página 146. Me dijo que el libro había pertenecido a mi abuela, que era su libro favorito y que lo leía una y otra vez. Me contó también que mi abuela había descubierto que el libro tenía un poder mágico, ya que en la página 146 veíamos nuestra propia muerte, y que la niña que se me aparecía era mi propia abuela que venía a advertirme. La única manera de romper el hechizo y hacer que todo aquello parase era con el medallón que mi madre llevaba al cuello, y que era una herencia de su propia madre.
Sin pensarlo dos veces, llamé a mi madre pidiéndole que me trajera el medallón al hospital. Cuando me lo entregó, cogí el libro, lo abrí por la página 146, puse el medallón, cerré el libro, lo tiré al suelo y el libro explotó.
Al ocurrir aquello, todo se llenó de niebla y empecé a percibir una sombra que avanzaba lentamente. Al verle la cara, reconocí a mi abuela. Me di cuenta de que ya no estaba en la habitación del hospital, sino en un lugar muy blanco. Mi abuela comenzó a hablar:
"El libro... Mi padre, tu bisabuelo, me lo regaló tras un viaje que hizo a Toledo. Lo había comprado a una familia muy importante que había organizado una especie de mercadillo para conseguir dinero, ya que habían caído en la pobreza. Se notaba que no querían deshacerse de sus pertenencias, por eso, cuando le advirtieron a mi padre que el libro estaba maldito, él no hizo caso, pensando que era una manera de evitar que se lo llevara. Como mi padre estaba dispuesto a pagarlo bien, al final consintieron en vendérselo."
El rostro de mi abuela expresó de pronto una gran preocupación:
"Prométeme que le devolverás el libro a la familia que se lo vendió a mi padre. No saques el medallón de entre sus páginas y devuélvelo: es cierto que está maldito. Ellos sabrán qué hacer con él."
Y, con estas palabras, mi abuela se desvaneció en la niebla y yo desperté de nuevo en la cama del hospital.
Una semana después, cuando pude volver a casa, le conté a mi madre lo que mi abuela me había dicho en aquella especie de visión, y, aunque al principio se mostró reacia, al final comprendió que debíamos viajar a Toledo. Al llegar a la ciudad visitamos la Hemeroteca Municipal, y en un periódico de la época, localizamos la noticia que hablaba del mercadillo que había organizado aquella familia tan importante. Gracias a esto, conocimos su nombre y localizamos su dirección. Fuimos hasta la casa. Se notaba que había sido una mansión señorial, pero ahora se encontraba en un estado de cierto abandono. Mi madre y yo dejamos el libro en la puerta de entrada, llamamos al timbre y nos fuimos corriendo hacia el taxi que nos esperaba y que nos alejó de allí.
Quizá ahora nuestra vida volvería a ser como antes.

27 comentarios:

Sara dijo...

Si, pues esto promete =) haber cuando nos llega a los de 2º de Bach :P:P

Anónimo dijo...

a mi me ha impresionado mucho espero que nos lo pasen a los pequeños!!!

nosotros, los de entonces dijo...

gracias por esa reflexión, Sara. Ójala cuando "llegue a vuestras manos", te siga pareciendo prometedora... :)

nosotros, los de entonces dijo...

vaya... pues está bien que cause impresión. A los pequeños os llegará muy pronto, ya lo verás, anónimo.

Anónimo dijo...

Debemos usar el boca a boca para invitar a que entren en la página y añadan un párrafo nuevo. Conseguiríamos dos historias paralelas, la de los diferentes grupos y la de los partícipes del blog.

nosotros, los de entonces dijo...

anónimo del boca a boca, estamos totalmente de acuerdo y tenemos previsto añadir algún enlace para poder publicar las producciones de nuestro alumnado: sería un buen lugar para una tercera continuación de la historia de Paula. gracias por tu comentario

Anónimo dijo...

buaaa este cuento... no he seguido con paco en castellano... es una pasada!

suerte y que acabe bien!

xD bueno... adios!

nosotros, los de entonces dijo...

gracias anónimo, el cuento llegará a tu clase a lo largo del curso, en los próximos días abriremos una ventana para que los visitantes de la página, podáis hacer una historia propia,
esperamos que te guste

Anónimo dijo...

ola!!a nosotros ya nos a llegado ste relato para que lo continuemos esperemos que os guste lo que hemos añadido a esta historia.
Espero que los siguientes lo hagan igual de bien que nosotros.
Una chica del sector silencioso.

Anónimo dijo...

ola!!a nosotros ya nos a llegado ste relato para que lo continuemos esperemos que os guste lo que hemos añadido a esta historia.
Espero que los siguientes lo hagan igual de bien que nosotros.
Una chica del sector silencioso.

Anónimo dijo...

bueno..pues nosotros hemos comenzado esta historia ya con la 1ª continuacion haber si cuando termine esta muy xule y muxa gente kiere leerla XAU besos

Anónimo dijo...

Vaya vaya, con que esta es la otra continuación. Estaba bastante interesado en ver como era (aunque ya nos la había leido Amparo en clase xD). Promete, promete ^^ .

PD: Por cierto, soy el autor de la 1ª continuación del segundo itinerario.

Anónimo dijo...

ESTAMOS EN LA CLASE DE EDUCACIÓN LITERARIA, ACABAMOS DE VER EL BLOG Y NOS HA GUSTADO MUCHO.
A VER SI NO OS OLVIDAIS DEL PDC QUE TAMBIÉN NOS GUSTA ESCRIBIR.
OS MANDAREMOS LAS RESEÑAS DE LOS LIBROS QUE ESTAMOS LEYENDO.
3ºPDC

nosotros, los de entonces dijo...

Querido PDC... ¡Claro que no nos olvidaremos de vosotros! La historia os llegará en algún momento, por supuesto. Y gracias por vuestras palabras.

4ºA TODO UN HONOR dijo...

Hola!
Me gusta mucho como va despues de haber hecho el principio tenia ganas de leer el blog para saber como lo habian seguido pues no esta nada mal, seguid asi!
por cierto no esta nada mal el blog pero me gustaria q lo visitara mas gente, espero que se os ocurra algo para difundirlo y si se me ocurre algo ya os lo comentaré ;P

Anónimo dijo...

aver cuando nos llega a 2 de Eso

nosotros, los de entonces dijo...

4ºa... todo un honor... espero que te siga gustando. en cuanto a lo de dar a conocer el blog, si lo hacemos entre muchos, mejor.

y a ti, anónimo de 2º, te diré que por algún curso de ese nivel ya ha pasado... paciencia

Anónimo dijo...

EIII...esa continuacion!!! LA PRIMERA DE TODAS!!!...4ºA loo mejor!! jajaja
espero que siga la historia!!
esta super interesante..jiji
NOS ENCANTA!!

=P

Anónimo dijo...

ola!no nos ha gustado la segunda continuación,porque la primera continuación era la mejor,ya k la ha empezado 4ªA.
1 saludo!las xicas del sector silencioso.

Guillermo dijo...

Parece que esto evoluciona muy bien... a pesar de lo que digan, pienso que la segunda continuación de 3º B es mucho mejor (lo cual no significa que la otra sea mala). Que penita lo del 146 xDD ¡ERA LA MUETE!

Luna dijo...

Bueno pues parece que ¡por fin ha comenzado! Espero, como dice Sara que llegue pronto a los de 2º Bach, que sería una experiencia innovadora ;)

Anónimo dijo...

A nosotros 2ºL ya nos llegó hace mas o menos un mes . La idea de hacer una historia en la que contribuyan clases del instituto es muy buena y la historia promete ! xD

Anónimo dijo...

Cuando llegó la historia a nuestro grupo, primero hicimos un relato cada uno y después lo pusimos en común, y de aquí y de allá llevamos a Paula al hospital con algo de amnesia, en la habitación 146....a ver cómo continuáis la historia, no hagáis sufrir mucho a Paula, no EMBOLIQUÉIS más las cosas, empezad el desenlace, es un mini consejo de
3º PDC

Anónimo dijo...

holaa!!

soy una chica de 1º de bach.
A nosotros ya nos llegó y tengo que decir que nos entusiasmó la idea de seguir la hitoria!!

Personalmente me ancanta la segunda parte que he leido, la del numero 146....de verda que me encanta, me he sumergido totalmente en la historia!
animo a seguirla!!

un abrazoo!!! :D

Anónimo dijo...

bbuuuuuuuuuuuuuuu fuera la de cmc

Anónimo dijo...

jeje.no se que poner.weno paso.adios...

Anónimo dijo...

que nos pasen lo de seguir el cuento a los de primero de la ESO!!jeje.adioss